Hoy he ido al Arzobispado de Madrid para obtener mi credencial del peregrino. Estaba un poco nerviosa porque no sabía si iba a ser un rollo, pero fue bastante sencillo. Llegué justo a las 10 de la mañana, pues no tuve que esperar. Para rellenar la credencial, el cura pidió el nombre, la dirección, el DNI, el lugar y la fecha de partida. También, tuve que rellenar otra hoja con mi nombre, el número de DNI y la dirección. Después de pagar 50 centavos, el cura me dio la credencial y dos hojas: “Camino de Santiago desde Roncesvalles” y “La Catedral de la Almudena: Origen y meta de peregrinación cristiana.” La primera hoja es una tabla de todos los pueblos y todas las ciudades en la ruta, la distancia entre ellos y la disponibilidad de albergues y lugares para comer.

Antes de hacer la peregrinación, el cura recomendó que leyera el pasaje bíblico de Lucas 9, 51 – 19, 23 que describe el viaje de Jesús a Jerusalén y su Pasión y Resurrección: “Cuando llegó el tiempo de su partida de este mundo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Entonces envió por delante a unos mensajeros, que fueron a una aldea de Samaría para prepararle alojamiento, pero no quisieron recibirlo, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, los discípulos Santiago y Juan dijeron: ‘Señor, ¿quieres que mandemos que baje fuego del cielo y los consuma?’ Pero Jesús, volviéndose hacia ellos, los reprendió severamente. Y se marcharon a otra aldea” (9, 51-56). En primer lugar, es importante subrayar la presencia de Santiago en este pasaje que confirma su importancia en la vida de Jesús hasta sus últimos días. En segundo lugar, es interesante notar que la aldea de Samaría rechazó a Jesús. Es decir, el camino nunca es fácil; siempre hay obstáculos imprevisibles. (P.D. ¡Espero que los albergues no nos rechacen! ). El cura me explicó que como peregrinos, tenemos que recordar el camino de sufrimiento de Jesús hasta su muerte y aunque la ruta puede ser difícil, tenemos que tener en cuenta las palabras de Tomás y Jesús: “‘Pero, Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino?’ Jesús le respondió: ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar hasta el Padre, sino por mí’” (Jn 14, 1-7).

Asimismo, el cura me explicó qué significa ser un buen discípulo: la persona que sigue el Maestro. Como destacó Lucas 14, 25-33, que cita a Jesús: “‘Si alguno quiere venir conmigo y no está dispuesto a renunciar a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, hermanos y hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. El que no carga con su cruz y viene detrás de mí, no puede ser discípulo mío…Del mismo modo, aquel de vosotros que no renuncia a todo lo que tiene, no puede ser discípulo mío’”. Este pasaje es muy interesante porque en cierta manera, todos vamos a renunciar nuestras vidas “normales” durante cuatro días para estar solos con Dios, con nuestros pensamientos o con la naturaleza.

El cura pidió que volviera a la Catedral de la Almudena al final del camino para hablar de mi experiencia y ayudar a otros peregrinos. La verdad es que no es una mala idea. En mi opinión y de lo que he leído, hacer el camino de Santiago es una experiencia única, pero a la vez, es un momento tan especial y exclusivo que une a todos los peregrinos.

La Biblia: Edición popular. Madrid: La casa de la Biblia, 1993.